jueves, 21 de julio de 2011

Únicamente...¿recuerdos?

Me levantó, esta vez me cuesta elegir lo que voy a ponerme. Unos pitillos vaqueros, una camiseta cualquiera y mis converse gastadas. Tomo un vaso de zumo de naranja, perfecto para empezar el día con buen pie.
El ascensor está ocupado, bajo por las escaleras. Llego al portal y abro la puerta.
La moto sigue aparcada donde la dejé, sería la última en el caso de que me la robasen. Demasiadas advertencias. Menos mal. Me monté decidida y me puse el casco. Hoy iba a ser otro día más.
Paso por delante de su casa, en aquel portal, empezó todo, más bien...mi pesadilla.
Volvíamos de un precioso día en la playa. Me había "raptado" de casa para pasar el día juntos ya que era nuestro aniversario. Un año. Había llovido mucho desde entonces. Me dejó en el portal.
- Mañana te paso a recoger con mi moto, ¿vale? - dije mientras le dedicaba una de mis mejores sonrisas.
- No puedo, es que...tengo que ayudar a mi madre a limpiar... - dijo no muy convencido.
- Bueno...por está vez pasa... - dije sin pensarlo mucho.
- Adiós, te quiero pequeña. - dijo mientras me dio un beso inolvidable.
Que suerte tengo- pensaba yo ignorante.
Mañana le daré una sorpresa y le libraré de ese día tan divertido de limpieza- pensé ingenua.
Me levanté más pronto que de costumbre, lo preparé todo al detalle para que se sorprendiera. Salí de casa sonriendo como nunca lo había hecho. Era feliz.
Cogí la moto y me dirigí hacia su casa. Era pronto, entonces decidí ir a la tienda de discos que hay al lado de ella para comprar el disco de nuestra canción. Estaba segura que le iba a encantar. Cogí el ticket y me largué, salí como una flecha de aquella tienda, nada más salir me lo encontré ahí. Y no solo. Me pellizqué por si acaso, no me lo podía creer. Él, mi todo, estaba dedicándole los mismos besos, te quieros, caricias, los mismos "para siempre", a otra. Rompí a llorar, me acerqué a ellos y empecé a pegarle, con todas mis fuerzas.
-¿Como has podido?- repetía como una loca, mientras las lágrimas querían escapar de mis ojos.
- No...esto no es lo que parece... - dijo sin creérselo ni él.
- No me hables, no me busques, no me toques, no quieras saber nada de mi, no quiero nada tuyo, déjame y no te vuelvas a acercar a mi. - dije llorando.
- Pero...
Eché a correr, la tristeza y las ganas de llorar me invadían cada vez más. Corrí, corrí para olvidar. No podía dejar de hacerlo.

Ahora solo son recuerdos, ahora vivo el presente y mi presente tiene nombre: ¡F E L I C I D A D!










2 comentarios:

  1. Tan bonita como cada historia que escribeees:)
    Aunque esta es un poco triste... aunque bueno lo que importa es el presente, y si el presente está lleno de felicidad, mejor que mejor.
    Un besazo enormeeee desde http://carolinesmile.blogspot.com/

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  2. Muchísimas gracias Carolina, encantada de que te gusten! :)
    Besoooooooooooooos(L)!

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