miércoles, 31 de agosto de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 2

Empapé una gasa en agua oxigenada y con mucha delicadeza la aproximé al labio.
- ¡Au! - gritó mirándome a los ojos de una manera que hizo sentirme culpable.
- Venga, que ya queda poco para acabar.
Cuando acabé de curar las heridas, lo guardé todo y le ayudé a tumbarse en el sofá. Tenía la pierna entumecida, no la podía mover bien, aun que no estaba rota; bastaría con unas horas de descanso.
- Quedate ahí y no te muevas, voy a quitarme el bikini y a vestirme, enseguida vuelvo.
- Como quieras enfermera. - dijo entre risas.
- ¡Muy gracioso! - chillé desde mi cuarto.
Vuelvo al salón ya vestida y el pelo más o menos seco.
- Mis padres hasta el lunes no vuelven, se han ido al chalet de unos amigos por aquí cerca...
No me dejó acabar la frase.
- Mejor que mejor, mis padres están trabajando, me iba a quedar esta semana en la casa del cabrón de Eric, pero...con lo sucedido ni pensarlo. Y mis padres no llegaron a darme las llaves. Es una pena, vivo justo debajo de ti.
- Bueno pues...llama a tus padres...seguro que lo comprenderán.
- No, ni pensarlo, me lo dejaron mi clarito cuando se fueron, si montaba alguna no vería la luz del sol en un tiempo. - dijo entre risas.
- ¿Entonces? - pregunté sabiendo la respuesta.
- Bueno...si tu quieres...podría quedarme en tu casa hasta que llegaran mis padres...
- Con una condición. - dije al instante, sin terminar de creérmelo.
- Claro, dime.
- Haces tu la cena.
- ¡Eso está hecho!
- Vale, ¿me explicas como la piensas hacer? jajajaja, no te puedes mover.
- Tu ríete, ríete, pero ya verás...
- Bueno voy a tender el bikini y las toallas... ¿tu ropa donde está?
- Ostras...está en casa de Eric. - dijo llevándose la mano a la frente.
- Bueno ya veremos como la recuperamos.
Cuando salgo de la terraza llaman al tiembre. Abro.
- Buenas noches, ¿pizza cuatros estaciones?
Me giro y llevo la vista al salón, allí está...mondándose de risa.
- Sí, es aquí. - dije con voz cabreada.
- Son 7,90€
Le doy el dinero y cierro la puerta de un portazo.
- ¿Te gusta la cena? - dijo riéndose.
- Por listo esta noche duermes en el sofá. - mientras decía estás últimas palabras me acordaba de ese programa de "Escenas de matrimonio", como me ría; ahora no tanto.
- Bueno, al menos parece cómodo... ¿me ayudas a levantarme? - dijo mientras sonreía.
Tenía una boca de anuncio, sus dientes eran blancos, rectos, bien enderezados...perfectos abreviando.
Le miré con cara de rabia y asentí. Nos sentamos a la mesa y cenamos la pizza que había pedido él previamente. Coge un trozo mientras dice:
- Ya que vamos a pasar una semanita juntos...me gustaría saber como te llamas y todo eso...
- Bueno pues empecemos desde el principio... me llamo Alicia, Ali para los amigos, tengo 14 años para 15...
- Vale, vale con eso me basta, por si te interesa yo soy Hugo, 16. Una pregunta...
- Pregunta. - dije mientras mordía un trozo de pizza.
- ¿Como unos padres han dejado sola a una chica como tu? quiero decir...Debes ser una buena chica para que muestren tanta confianza.
- Un poco tonto si que eres ¿no?, a ver, unos amigos de mis padres tienen un chalet en un pueblo cercano y no podían rechazar la invitación, y se supone que mi hermana mayor se quedaría aquí, pero se ha ido con su novio y volverá justo el día de la llegada de mis padres; ella es lista.
- Entiendo, entiendo, entonces...¿no eres una buena chica, eh? - dijo riéndose.
- Lo próximo será dormir en el rellano.
- Vale, vale tranquila. - dijo entre risas.
Acabamos de cenar y nos sentamos en el sofá (ayudándole yo, claro) a ver una película que echaban en la tele. La luz estaba apagada y nuestras caras quedaban iluminadas por la luz que desprendía el televisor. Era una película de miedo, después de lo que ha pasado durante todo el día creo que no hay nada que pueda asustarme. Pero me equivocaba, la escena era sangrienta y vomitiva. Me giré de golpe algo asustada, quedándome apoyada en su pecho.

Continuará en el próximo capítulo.
Quiero aprovechar para dar las gracias a todos los que me leéis y deciros que gracias a todos vosotros se hace posible este blog. SOIS ENORMES.

domingo, 28 de agosto de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 1

Los días pasan volando y todos estos están llenos de una inmensa monotonía, todos los días lo mismo; pero esta tarde llegará una amiga a la urbanización. Estos días serán una pasada, más o menos los he planificado mentalmente: por las mañanas iremos a la playa a tomar el sol, luego nos damos un chapuzón en el mar, a continuación piscina y hasta que se haga la hora de comer. Tengo que poner la cámara de fotos y el iPod a cagar.
Bip-bip, es mi móvil: "Hola! oye, que ya he llegado, te hace bajar dentro de 1h a la piscina?"
Respondo en unos segundos: Claro! nos vemos alli dentro de 1 horita :D
Me pongo el bikini y un poco de crema solar, cojo la toalla y las palas por si nos aburrimos.
Bajo, abro la verja de la piscina, entro, extiendo la toalla en una tumbona y me tumbo boca a bajo a la espera de Laura.
Y de repente se oye desde la puerta:
-¡¡Tiaaaaaaaaaaaaaaa que ya estoy aqui!!
Me levanto de un salto y voy a su encuentro, nos damos un gran abrazo y empezamos a hablar. Ella extiende su toalla en la tumbona de al lado mio y tumbadas empezamos a hablar de todo.
El sol calentaba bastante y decidimos darnos un chapuzón en la piscina. Cojo la pelota de las palas y empezamos a pasarnosla como crías pequeñas, jugamos a bomba, béisbol...estamos tontas de remate.
Entre tanto llegó un grupito de chicos a la piscina y se quedaron fuera, sentados en el suelo con sus respectivas toallas, jugando a las cartas. Nosotras seguíamos a lo nuestro, jugando con aquella pelotita de color verde fosforescente.
- ¡Pelota vaaaaaaaaa! - gritó Laura.
La pelota cayó fuera de la piscina, al lado del grupito de chicos.
- ¿Perdona me puedes pasar la pelota?
- ¿Como se pide?
- Eh tio, que te lo ha pedido de buenas maneras. - dice uno de los chicos que juega a las cartas.
- Pues ahora sube ella a por la pelotita. - dijo desafiante- Y así vemos de que tipo de chica hablamos.
Será machista, engreído, cretino...podría estar todo el día.
Veo como el chico que había interrumpido antes intentando solucionar el "problema" le coge del brazo y le dice:
- Va Eric no seas así y se un poco amable con la chica.
- Tu a mi no me das ordenes, guaperas.
- Eh, que yo solo te he digo que seas más simpático, que eres un borde de mierda.
De pronto veo como ese tal Eric se abalancha contra el chico sin nombre, recibiendo éste un puñetazo en todo el pómulo. Ahora el "defensor" es quien le da un puñetazo en la ceja, abriéndosela por completo.
Mientras los amigos de estos intentaban separarlos ellos seguían recibiendo puñetazos, bofetones y patadas.
Salí de la piscina mientras mi amiga Laura decía:
- Oye, yo me largo de aquí, no quiero problemas.
No le presté la más mínima atención y cuando yo estaba intentando separar a aquellos dos ella ya estaba fuera del recinto de la piscina. Cogí al chico sin nombre por el brazo sacándolo de aquel barullo y salimos de allí.
- Tu, tu...¿en qué piensas?
- Joder, había sido muy injusto contigo y tenía que darle su merecido.
- Pero si ni si quiera me conoces...
- Bueno lo podría hacer. - dijo al instante que comenzaba a caerle sangre de los labios.
- Mira, vamos a mi casa que ahora no hay nadie, y así intento curarte esas heridas.
Llegamos y abrí la puerta, avanzábamos despacio, con mucho cuídado. Le ayudé a que se sentara en un silla. Yo fui corriendo a por el botiquín, encontré algo de agua oxigenada, mercromina, gasas y alguna que otra venda.
Corrí hacia el salón, cogí una silla y me senté justo a su lado para poder curar bien aquellas heridas.
- Abre un poco el labio.
- ¿Para qué? - dijo cachondeándose de mi.
- Si quieres te curas tu eh.
-  Vale, vale. - dijo mientras abría poco a poco, dejando el labio inferior separado.

Continua en el siguiente capítulo.

sábado, 27 de agosto de 2011

Helado de turrón.

24:00. Salgo a la terraza, estoy cansada, no tengo ganas de nada, quizá esté cansada de esta situación. Desde el piso que estoy puedo observar infinidades de cosas: una familia toma un helado, tranquilos, sin preocupaciones, normalmente los niños deberían estar acostados...pero es verano. Una pareja cogida por la cintura que quizá se estén jurando amor eterno frente al espeso mar que reina en el fondo. Un grupo de chicos jugando a la ruleta rusa, desde aquí se escuchan los gritos y carcajadas de esos chavales. Un poco más lejos...me cuesta verlo, hay una señora observando el cielo, las estrellas...maravilloso expectáculo para tan poco expectador; quizá esté esperando a que pase un estrella fugaz para pedir un deseo, un deseo que lleve esperando años y que ahora gracias a esa pequeña estrella se haga realidad. Más lejos aún observo la luna, inmensa como siempre ha sido.
Este es el mejor sitio de la casa, aquí puedo pensar tranquila, sin problemas, sin nadie que pueda molestarme, aun que me gustaría pensar en otro tipo de cosas. Ahora lo único que me viene a la cabeza es ese amor, ese amor que quedó olvidado, olvidado en la distancia, en los odios, en los rencores, en el rechazo. Este sitio me debería transmitir tranquilidad, serenidad...pero no, lo único que hace es hacer que piense. Por un momento se me escapa una lágrima, prisionera de mi. No quiero recordar aquellos momentos de tristeza y dolor, aun que como bien he dicho es inevitable.
Salgo de la terraza, llego al salón donde me encuentro yo sola, todos duermen, es un alivio la verdad. Decido salir al rellano, es un buen sitio también. Desde allí solo puedo ver el cielo, las estrellas, el edificio que comunica con el mio mediante un ancho pasillo que da al mar y ventanas, muchas ventanas.
Dejo la puerta medio entornada, y me apoyo en el muro que da al edificio vecino. Otra vez me invaden esos pensamientos, esos pensamientos llenos de dolor y tristeza, de un amor olvidado, pasado, pasajero quizá. Rompo a llorar.

Doy una vuelta a la derecha, ahora otra a la izquierda y me estampo con la pared de al lado de la cama- que dolor.- No fue buena idea elegir esta cama. Me siento en la cama y veo que mi hermano duerme. Me levanto y voy a la cocina a por un vaso de agua, algo fresquito no está mal. Las 24:25. Ya es tarde. Parece que hay alguien fuera, me quedo un momento en silencio y activo mi sentido auditivo.
Parece que alguien llora. -pensé algo preocupado. Decido salir fuera a ver que ocurre, pero antes miro por la mirilla y me aseguro. Mierda, ya me estoy pareciendo a mi madre. - pensaba un poco frustrado.
Vaya, parece que delante está mi vecina y llora, salgo y le pregunto a ver que pasa, si a ocurrido algo.
Antes de nada me miro en el espejo del baño a ver si mi pijama se puede enseñar, bueno unos simples pantalones cortos grises y arriba nada, está bien. - pensé mientras me dedicaba una sonrisa.
Abro la puerta, allí está, aquella chica que ví en la piscina, guapa, simpatica, con esa sonrisa radiante...
¿Qué le habrá pasado? - me preguntaba una y otra vez.
Al ver mi presencia, se ha secado enseguida las lágrimas con las manos, intentando hacerme ver que no pasaba nada, que todo iba bien.
- Seguro que nadie es merecedor de que derrames una lágrima por el. - dije intentando tranquilizarla.

Madre mia, es ese chico, aun que yo ahora no estoy para pensar en eso, pero... ¿qué digo?

- Emm.. no te preocupes por mi. - dije mientras me quitaba las últimas lágrimas que me quedaban.
- ¿Sabes? mi madre siempre me ha dicho que me preocupe por las cosas que me importan, y eso es lo que hago. - dije sin pensármelo dos veces.
- Gracias, soy Valéria, tu vecina, ¿Y tu eres...?
Me quedé mirando aquellos ojos brillantes, brillantes quizá por aquellas lágrimas ya derramadas por quién sabe quién.
- Sí...yo soy Gonzalo, también tu vecino. - soy idiota, pensé.
- Bueno... ¿ya estás mejor?
- Sí, un poco mejor, gracias.
- No tienes por que dármelas, yo no he hecho nada.
- Claro que has hecho, has salido en mitad de la noche sin saber lo que te esperaba fuera, gracias otra vez.
- No tiene importancia, de verdad jajajaja, bueno dejémosnos de seriedades... ¿mañana bajas a la piscina?
- Claro, por qué no.
- Vale, pues te paso a recoger a las 12, ¿te viene bien?
- Sí, perfecto.
-Vale, pues mañana nos vemos. ¡Adios!
- ¡Claro, adios!
- Ah... y buenas noches. - dije mientras los dos nos dirigíamos a nuestras casa.

Las 12:00, ¡diiiiiiiiiiiing!
La mañana fue perfecta, es un chico genial...Primero hemos ido a la piscina, mientras tomábamos el sol tumbados en aquellas toallas aún secas Gonzalo me contaba cosas sobre él, su familia etc, nada aburridas la verdad, yo le conté el motivo por el cual lloraba, me dió todo su apoyo y sus ojos verdes su serenidad; pasamos un buen rato hablando de tonterías y riéndonos de quien sabe qué. Nos levantamos de las toallas y después fuimos a la piscina, probé el agua con un pie y estaba helada. A él no se le ocurrió otra cosa mejor que cogerme y lanzarme junto a él a la piscina...quedamos suspendidos en el agua, abrazados bajo esa fina capa cristalina, como si fuesemos algo más que unos recientes amigos; por un instante se me olvidó todo y ya no bagaban por mi los pensamientos de la noche pasada.
Ese chico, Gonzalo, es especial, me transmite paz y alegría, ojalá estas vacaciones no acaben nunca.
Después de aquel fresco baño en la piscina fuimos a dar un paseo por la playa, el sol calentaba y nos tubimos que dar crema, el uno al otro; creo que esto está llegando demasiado lejos...que sé yo.
Llegamos a casa y me propuso ir a tomar un helado por la tarde. Acepté, pero estaba vez me pasaría yo a por él.
Ya era la hora, toqué el timbre y como una flecha salió de casa.
Que guapa está, con ese pelo brillante, esos ojos de color avellana; me encanta.
- Ven, conozco una buena heladería. - dije alegre
- Vale, pero yo elijo los helados, a ver si acierto con el sabor. - dijo radiante.
- Claro, como quieras.
Comenzamos a andar hasta que llegamos a la heladería, yo me senté a la espera de que trajera los helados, como había dicho antes. ¡No, no puede ser, tenemos los mismos gustos!
- ¿Te gusta el de turrón?
- ¡No me gusta... me encanta, es mi favorito!
- ¿Sí? también es el mio jajajaja
Nos levantamos y comenzamos a caminar, despacio, sin ninguna prisa, tranquilos. No podía aguantar más, tenerla aquí a mi lado y no poder hacer nada, solo comer helado de turrón.
Es tan mono, con su camiseta azul marino y esas bermudas blancas que resaltan aún más su moreno, no quiero estropear este momento, somos amigos, buenos amigos, me centraré en el helado de turrón...sí es lo mejor.
No, no puedo más, tengo que hacer algo o simplemente decírselo de una vez, decirle que desde el primer momento que la vi me enganché a esos ojos del color de la avellana.
- Valeria...
- ¿Sí?
- A ver como digo esto...
- Si quieres te puedo ayudar.
Ella se acercaba despacio, cuidadosamente, sin prisa alguna. Se quedó mirandome a los ojos a la espera de que yo reaccionara.
- No hace falta, puedo solo. - mientras pronunciaba estas últimas palabras la besé.
Sus labios se unían a los míos como por arte de magia, frágiles, fugazes, esperanzadores, soñadores, tiernos, llenos de pasión y de algún que otro desamor.
Fuimos hacia la playa nos sentamos en la arena tostada y nos quedamos abrazados, no dijimos nada, creo que en ese momento las palabras sobraban.


martes, 2 de agosto de 2011

Un descansito.

¡Hola bloggers! este mes de agosto toca disfrutar de la playita, piscina, amigos, diversión, solecito... así que me tomaré un descanso y en septiembre seguiré escribiendo más historias de las que disfrutar. Espero que  también os toméis vosotros un merecido descanso, ¡que os lo paséis genial!
¡Besitos! ^^