viernes, 30 de septiembre de 2011

Y saber que no podrá ser, que el tiempo apremia y que todo acabará yéndose a la mierda.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO FINAL
Al día siguiente ya me habían dado el alta, llegamos a casa y me encerré en mi habitación. Mis padres están muy enfadados conmigo por haberles mentido, y a cada momento me recuerdan lo que ha pasado, preferiría haberme quedado en el hospital; todo me recuerda a él.
El horario de visitas era de 12:00 a 13:00 y de 17:00 a 18:00. Esta tarde iré a visitarle.
La mañana se me hizo eterna, desde que llegué a casa por la mañana mi móvil no paraba de sonar, recibía mensajes cada cinco minutos, acabé por ponerlo en silencio y olvidarme de todo.
Tenía unas ganas inmensas de que fuera la hora de ir a ver a Hugo, era lo único que me hacía tener esperanzas.
Después de comer me fui, aun que aún faltara para la hora, quería que me diera el aíre y despejarme un poco.
Pasé por un parque, mientras caminaba veía a una pareja sentada en un banco, estaban sentados en el césped, con las piernas cruzadas, uno enfrente del otro, mirándose y haciéndose carantoñas, se me vino el mundo encima.
<¿Por qué tuvimos que coger aquella moto del demonio?> <Si no la hubiéramos cogido ahora todo sería perfecto.> -me estuvo rondando por la cabeza cada vez que veía a aquella pareja.
Las 16:45, me voy acercando al hospital, entro y me siento en una sala de espera hasta que se haga la hora.
A mi alrededor hay mucha gente: enfermeras que van de un sitio a otro medio corriendo, ancianos que esperan su turno mientras comentan la novela del día anterior, no muy lejos de mi hay una señora no muy mayor con cara angustiada que no para de dar vueltas de un lado a otro, estará esperando a alguien que estén operando-pienso- alzo mi muñeca y miro el reloj: 17:00, me levanto de un salto y me aproximo a la habitación de Hugo, abro la puerta y todo es silencio. Entro con pies de plomo, sin querer hacer el más mínimo ruido. En la cama no había nadie, solo había una enfermera que la estaba haciendo. Las piernas comenzaron a flaquearme.
- ¿Do...dónde está el paciente de esta habitación? -pregunté con voz temblorosa.
- Lo siento, no hemos podido hacer nada.
Las piernas me fallaron y caí al suelo, perdí el conocimiento. Ahora los últimos días que pasé con él se repetían en mi cabeza como si de una película se tratara, no veía otra cosa, nada más su sonrisa y esos ojos llenos de vida, que no volvería a ver. Esos ojos que me habían enseñado a querer, los que me habían enamorado desde el primer momento. Nos lo volvería a ver, no los volvería. -decía mi cabeza como si fuera un eco.
Cuando me desperté me vi tumbada en una cama, quizá en la que estaba Hugo-llegué a pensar, y eso hizo que se me volviera a nublar la vista- rodeada de mis padres y de alguna que otra enfermera.
- ¡Dijo que ni las nubes! ¡Lo prometió! -empecé a chillar.
- Tranquilízate. -dijo una enfermera mientras me pinchaba algo en el brazo- está en estado de shock - dijo refiriéndose a mis padres.
Volví a quedar en un inmenso sueño.

Desperté aturdida pero ahora no recordaba nada, el sol me daba en la cara y no me dejaba ver con claridad, me incorporé y vi que estaba sentada en una amaca y que enfrente estaba la piscina.
<¿Todo había sido un sueño?> - resonaba en mi cabeza <No me lo puedo creer, estoy aquí, en la piscina>
-¡Aliiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Oí desde la puerta, era Laura. Corrió hacia mi y me abrazó fuertemente.
-Puff me he quedado dormida y he tenido un sueño rarísimo. -dije aún sin llegar a creérmelo.
-Bueno, déjate de sueños y vamos a la piscina, que tengo unas ganas...
- ¡Venga vamos! -dije mientras le cogí del brazo y la arrastré hasta la piscina.
Estuvimos haciendo el tonto en la piscina un rato hasta que me dijo:
- Una cosa...
- ¿Sí?
- ...este verano ha venido un primo conmigo, y ahora dentro de un rato bajará.
- Ah, vale, no problemo. -dije imitando la voz de Arnold Schwarzenegger.
Empezamos a jugar a marco polo, me tocó a mi pagar y acabé en el extremo más hondo de la piscina cuando de repente alguien se tiró a pocos centímetros de mi, salió a flote:
- ¡Ostras, perdona!
- Jajaja, no te preocupes. Soy Ali ¿y tu debes de ser el primo de...?
- Encantado, sí, soy Hugo.

Gracias a todos por haberme leído todo este tiempo, enormemente agradecida, muchos besos(L)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 8
- Lo único que sabemos es que está en estado de coma, aún no ha despertado y según los médicos sería un milagro que lo hiciese... sufre un traumatismo cráneo encefálico a causa del choque que os hizo salir despedidos... tú tuviste más suerte.
En ese momento me sentía morir, una inmensa oscuridad se apropiaba de mi y no me dejaba ver con claridad, ahora todas aquellas promesas se habían quedado en las tablas de madera. Empecé a llorar, no podía dejar de hacerlo, mi madre entendió que en ese momento necesitaba estar sola con mis pensamientos y se marchó.
<¿Por qué a él y no a mi?> <¿Por qué?>  -me repetía una y otra vez.
Me fijé en las vendas que tenía puestas, lo único que parecía estar roto era el brazo izquierdo y el dedo índice del derecho, tenía cortes en la cara y magulladuras en las piernas, pero en ese momento no sentía dolor solo sentía un gran vacío. Me senté en la cama y me puse en pie, tenía que verle y decirle que le quería antes de que fuese más tarde. Salí de la habitación a duras penas, fui a través del pasillo asomándome en cada una de las habitaciones hasta que llegué a la suya.
Estaba quieto, no se notaba ni tan siquiera que respirara, por un momento me asusté. Me acerqué a la cama, tenía media cabeza vendada dejando a la vista esos ojos azules que aún tardaría en ver, una pierna escayolada y varios dedos rotos. Cada cinco segundos se oía el pi...pi...pi del monitor de signos vitales. Le cogí de la mano apretándosela con fuerza mientras decía:
- Te tienes que poner bien - empecé a llorar- acuérdate...no nos separarán ni las nubes.
- Te quiero Hugo, no lo olvides nunca.
- ¡Eh, tu! no puedes estar aquí. - dijo una enfermera amargamente.
Salí de la habitación con lágrimas en los ojos y volví a la mía.
Me tumbé en la cama, y cerré los ojos, pensé que al dormirme me despertaría a su lado, en aquella playa y que todo habría sido una pesadilla.
 Me sumergí en un sueño profundo no quería despertar y sentir aquella impotencia.

Desperté, no sabía que día era, ni tan si quiera si Hugo seguía vivo. Giré la cabeza y vi a un grupo de chicas, a simple vista no las reconocía.
- ¡Ali has despertado! llevas días dormida, nos estábamos empezando a preocupar.
Al oír aquellas palabras me acordé de Bella durmiente-corrían lágrimas por mis mejillas-ahora nadie me sacaría de quicio diciéndomelo.
Eran mis amigas, pensé que no las vería hasta que empezara el instituto.
Antes de que pudiera decir nada se agolparon a abrazarme.
- Venga Ali ahora no tienes que preocuparte por nada, solo de ponerte buena. -dijo Julia, una de mis mejores amigas.
- ¿Pe...pero como habéis llegado hasta aquí?
- Os trasladaron al hospital de aquí, de Madrid, al tener que operar a tu acompañante y no tener suficientes recursos en aquel hospital. Y como vivís aquí pues aprovecharon.
No dije nada, sentía inercia por todas partes, no me encontraba con ánimos ni para abrir la boca, pero hice un esfuerzo.
- Chicas, muchas gracias por venir. - dije con voz apagada.
- ¡No las tienes que dar! - obtuve por respuesta.
Me dieron cada una un beso y se marcharon.
A mi derecha había un gran ramo de flores, en ese momento no me importaba de quién era, solo quería volver a ver a Hugo y saber que estaba bien.
Después de unos minutos entraron mis padres por la puerta, muy nerviosos.
- Nos han dicho tus amigas que has despertado. - dijo mi madre.
- Llevas 3 días dormida, los médicos no se lo explican, no estabas tan leve como para no despertar.
Yo si me lo explicaba, no quería saber nada de nadie, quería desaparecer y pensar que todo había sido una pesadilla. No me digné a hablar.
-¿Sabes Ali? tienes mucha suerte de no haber acabado como el chico que iba contigo, aún no ha despertado del coma y sus padres están destrozados. Y aún nos tienes que explicar que hacías con él en esa moto. -siguió mi padre.
- Tomás déjala, no tiene ganas de hablar de lo ocurrido. -dijo mi madre salvándome de un interrogatorio.
- ¿Has visto el gran ramo de flores que te han traído? - dijo mi madre sonriente, como si quisiera que yo también lo estuviese
- Sí...me he dado cuenta... - dije al fin.
- Te las ha traído Samuel.
Samuel, mi mejor amigo en el instituto, es un chico simpático, al que le gusta jugar a los crucigramas, es guapete pero sin pasarse, le encanta contar chistes y se debe de haber enterado de que estoy aquí.
-Ah...dadle las gracias de mi parte. -dije en tono apagado.
-Ali...intenta estar más contenta, sabemos que esto no es plato de buen gusto para nadie, pero al menos tú estás bien, eso es lo que importa.
-¡¿Y Hugo?! ¡Nos podía haber pasado a los dos lo mismo! ¡No quiero estar feliz y contenta mientras el se debate entre la vida y la muerte! ¿Es que no lo entendéis?
-Ali...pero...
-¡Dejadme por favor, quiero estar sola!

El siguiente capítulo será el último ya que gracias al instituto no tendré tiempo para escribir. Me habría gustado hacer la historia más larga...espero que os haya gustado. Seguiré actualizando el blog pero menos que antes. Besos para todos y muchas gracias :)

lunes, 12 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 7
Nos quedamos tumbados en la arena mirándonos el uno al otro, escuchando la brisa del mar, era una sensación de paz, tranquilidad, felicidad. Le quería, sí, le quería, igual era pronto para decirlo pero era así. Todo este tiempo había estado buscando un príncipe azul que me llevara en un su corcel blanco y me salvara de la malvada bruja, pero ahora le tengo a él, que es mucho mejor que un futuro rey con caballo.
- ¿Sabes?
- Dime. - dije mirando a aquellos ojos azules en los que me quedé sumergida durante un tiempo.
- En este momento soy la persona más feliz del mundo. - dijo apartándome un mechón de pelo que me cubría la cara.
- Te quiero Hugo, te quiero, te quiero, te quiero.
- Pensé que no iba a sentir esto por nadie, eres especial...te quiero Ali y nunca lo dejaré de hacer. Desde el primer día que te vi...ruborizada por aquel canto de Cumpleaños feliz...  mi mente no se pudo deshacer de tu sonrisa, de esa manera de sonreír...
- ¿Has estado todo este tiempo...?
No me dejó acabar, por enésima vez.
- ¿...enamorado de ti?, sí, lo he estado y ahora no quiero que esto acabe, no quiero que dentro de cinco días todo haya acabado y fuese como si no hubiera pasado nada; no quiero que nos separe nada... ni incluso las nubes.
- Te doy mi palabra, nada es nada.
Nos quedamos un rato más allí tumbados, admirando el paso de las nubes y del tiempo, qué poco nos importaba. Decidimos levantarnos, ya que se hacía tarde y empezar a quitarnos la arena que llevábamos encima, una vez sin arena volvimos al pueblo y cogimos la moto.
Antes de subirme  me sonó el móvil:
-¿Sí?
- ¡FELICIDADEEEEES!
Oh dios mio, eran mis padres.
- Jajajaja muchas gracias... - dije un poco cortada.
- Cuando llegemos te daremos una cosita que hemos comprado... ¿como va todo por allí?
- Eh, pues, todo muy bien...como siempre...-que mal se me da mentir, pensé.
- ¿Y tu hermana?
- Ah, pues hace un rato que hemos subido de la piscina... -dije mientras veía como Hugo empezaba a reírse.
- ¿Entonces todo bien? Como no llamabais hemos llamado nosotros.
- Exacto. -se oye de fondo.
- Sí, estad tranquilos, todo va bien.
- Vale, pues te dejamos.
- Un beso. - se vuelve a oír de fondo.
- Besos para todos.
Y cuelgo.
-¿Acabas de volver de la piscina, eh? jajajajajaja. -dijo Hugo mientras subía a la moto.
- Idiota jajajaja, si quieres les digo que estoy con chico montada en una moto en el pueblo de al lado.
- Mejor lo de la piscina jajajaja. - dijo mientras me dio un beso.
- Te quiero.
Arrancó y volvimos a la carretera, ahora iba muy deprisa, demasiado.
- Afloja, nadie nos espera. - dije con voz serena.
- Como quieras, pero tranquila que no pasa nada, no se ven muchos coches.
- Bueno, pero no vayas muy deprisa, por favor.
- Valeeeeeee. - dijo rápidamente.
Apenas aminoró la marcha, parecía seguro de si mismo y eso hizo que me sintiera agusto.
De pronto vi como un coche a toda velocidad se dirigía hacía nosotros en dirección contraria.
- ¡Hugo! ¡Frena! ¡Frena!

Desperté confusa, en una habitación en la que nunca había estado...parecía un hospital.
- ¡Ali has despertado, menos mal hija mía estábamos muy preocupados por ti! - dijo mi madre mientras se le escapaba alguna que otra lágrima.
En aquel momento solo recordaba que iba en una moto con...con Hugo.
- ¿Y Hugo? ¿Dónde está? ¿Está bien? - no paraba de decir.
No recibí respuesta.
- ¡Quiero ver a Hugo! ¿Dónde está?

Continua en el siguiente capítulo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 6
Nos separamos poco a poco y nos miramos, sonrientes, felices.
- No te vayas. - dije abrazándole.
- Como diga Bella durmiente...mi Bella durmiente.
Después de fregar entre los dos y de recogerlo todo, Hugo me dijo que podríamos ir a dar una vuelta en moto, que la tenía aparcada fuera de la urbanización y que de ella si tenía las llaves.
Salimos a las 17:00 de casa cogí lo imprescindible y por si acaso me puse el bikini.
Nos montamos y partimos de allí. Aceleró por aquella carretera que daba al mar. Me agarré fuerte a su espalda y dejé reposar mi mejilla sobre ella, fijé mi vista en el mar, luego cerré los ojos y empecé a sentir como la brisa del mar moldeaba mi pelo con sus inmensas manos, acariciaba mi cara con delicadeza, suavidad...Llegué a creer que estaba en el séptimo cielo.
Oí el motor parar. Llegamos a un pintoresco pueblo en el cual nunca había estado. Comenzamos a andar cogidos de la mano hasta que llegamos a una plaza rodeada de diferentes cafeterías. Decidimos sentarnos en una de las mesas que había en la terraza. En seguida nos atendió un camarero:
- ¿Qué van a tomar?
- ¿Que vas a querer? - me preguntó Hugo con esa sonrisa que le caracterizaba.
- Un granizado de limón. - dije devolviéndosela.
- Pues serán dos granizados de limón. - le dijo Hugo amablemente al camarero que enseguida tomó nota y entró dentro de la cafetería.
De pronto Hugo se levantó y me susurró al oído:
- Ahora vuelvo.
Me quedé un poco desencajada, pasaron unos minutos y apareció por mi espalda, tapándome lo ojos con una de sus manos.
- ¡¡Feliz cumpleaños!! - dijo mientras me enseñaba un pequeño paquete.
No, no, no puede ser, esto si que no me lo esperaba- me pellizqué- no no era posible.
- ¿ Co...co...como? - dije con la boca abierta.
- Sí, sé es un poco raro de explicar, pero el año pasado vi como unas chicas de la urbanización te cantaban el cumpleaños feliz y...pues me he acordado. - dijo sonriente, como nunca le había visto.
Es cierto, lo pasé fatal, soy bastante vergonzosa para estas cosas. Y la verdad es que la idea de cumplir años no me gusta, es algo secundario, no le presto importancia; por eso no se lo había dicho.
- Pero... no hacia falta que me compraras nada, estás loco.
- Venga, ¡ábrelo, ábrelo! - repetía una y otra vez, como un niño pequeño en el cumpleaños de su mejor amigo.
Madre de Dios, en ese momento me quedé sin palabras, estaba totalmente en blanco. La pequeña caja envuelta con un papel de color rosa y atada por un lazo rojo contenía un colgante, en el cual había grabado:
                                            Ali y Hugo,
                                              siempre.
                                             26-08-11
- Lo sabía, no te ha gustado...es que soy demasiado cursi y tonto -siguió hablando, como si le hubieran dado cuerda- Podemos ir a la joyería y cambiarlo por algo que te guste más, no pasa nada, guardo el ticket.
- Hugo, cállate. - dije mientras me acercaba a él y le besaba.
- Eres genial, en serio. - iba diciendo entre beso y beso.
- ¿Eran aquí los granizados? - interrumpió el camarero.
Nos arrellanamos en nuestras sillas avergonzados y asentimos.
Antes de tomarnos aquellos fríos granizados me puso el colgante, le prometí que no me lo quitaría nunca, jamás; y una promesa es una promesa.
Pagamos y nos fuimos de la cafetería. Seguimos caminando y llegamos a un precioso paseo que daba a la playa. Nos paramos a contemplarlo, era una puesta de sol preciosa.
Sin pensarlo me solté de su mano y eché a correr por aquel camino compuesto por tablas de madera, alguna que otra ya estaba estropeada por el paso del tiempo y hacía tambalear aquel camino. Me giré mientras corría y le miré sonriente, este en cuanto se dio cuenta corrió como un niño tras mi. Me alcanzó y nos caímos, mi vestido de florecitas se llenó de arena y mi pelo quedó cubierto de aquellos cálidos granos tostados.

¡Continua en el siguiente capítulo, no os lo perdáis!

jueves, 8 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 5
Mi corazón palpitaba cada vez más rápido y por culpa del nerviosismo interrumpí aquel silencio lleno de pensamientos.
- Tienes un espagueti que te cuelga por la cara. - dije en voz baja.
- Ah...sí, claro. - dijo mientras iba levantándose y quitándose el espagueti de la cara.
La comida transcurrió en un profundo silencio, concentrados en aquellos  espaguetis, a la misma vez culpables de aquello.
- ¿Están buenos? - pregunté sin saber que más decir.
- Sí. - obtuve por respuesta.
Nunca me había sentido tan incómoda como en aquel momento.
- Ali...
- ...
- No quiero que cambien las cosas entre nosotros por lo de antes, podemos seguir siendo amigos o lo que quiera que fuésemos.
Tenía la voz apagada, como si estuviera derrotado.
- Tu eres especial, no me gustaría que todo esto acabara cuando lleguen mis padres, quiero decir... que podemos seguir quedando y todo eso... aun que va siendo hora de que llame a Dani y a los demás, desde que ocurrió todo no se nada de ellos...
- No.
- ¿No?
- Sí... no.
- No quiero que llames a nadie, esta semana es nuestra, nos la debemos.
En ese momento creí que me había vuelto loca, esa no era yo, no era Ali, era otra que estaba bajo los efectos del amor o algo parecido, es muy pronto para decirlo, pero solo de pensar en que se acabe la semana y que cada uno vaya por un camino distinto, me entristece, me pongo de los nervios solo de pensarlo, pensar que todo habría acabado.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Pues quiero decir...
Bip-bip-bip  sonó mi móvil, salvada por la campana-pensé-.
Me levanté como un rayo de aquella silla pensando que aquella llamada era mi salvación.
-¿Sí?
- ¿Ali?
- Sí, soy yo.
- Soy Laura.
- Ah hola Laura.
- No se nada de ti después de todo lo que ocurrió...
- Ni yo de ti.
- He pensado que podríamos ir esta tarde a la piscina a retomar lo de la otra tarde.
Me quedé unos segundos pensando mientras me giraba y veía a Hugo sentado en la mesa del salón.
- ¿Te acuerdas de los que se peleaban?
- Como me iba a olvidar...
- Vale, pues esta semana se quedará en mi casa el chico que me "defendió", Hugo. - aclaré.
- ¿Cómo?
- Es una larga historia Laura, sus padres no están en toda la semana y como sabes los míos tampoco, él no tenía llaves y...
- ¿Está bueno, eh?
- ¡Laura!
- Jajajajajaja
Hablamos un poco más y le dije que no ibamos a poder quedar.
- ¿Quién es... tu novio? - se oía desde el salón.
- ¡Idiota! - le dije desde la cocina.
Acabé de hablar con Laura y volví al salón.
- ¿ Y bien...?
- Y bien ¿qué?
- Pues ¿qué quién era?
- Ah, bueno, ahora te tengo que decir con quien hablo, ¿no es así?
- Claro, al ser el guardaespaldas de Bella durmiente tengo que saberlo todo, no vaya a ser que le pase algo.
- Ya, claro, será por eso... - dije en tono sarcástico.
Me levanté y cogí mi plato.
- Oye, y eso de que no querías que llamara a nadie...¿cómo era?
No contesté, aquellas cuatro paredes eran mi salvación, mi refugio más bien, aquella cocina llena de espaguetis por todas partes que tanto había odiado a la de poner la mesa...era lo mejor en ese momento.
Pero mi lúcido cerebro no cayó en que Hugo tenía piernas y con ellas podía moverse.
¡Toc toc!
-¿Se puede? - dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Seguía sin contestar, pero entró de todas formas. Hice ademán de abrir la nevera pero me vi interrumpida por unas manos que cogían las mías.
- Ali, escúchame.
- Te escucho. - me digné a decir.
- Si quieres que me vaya dímelo ahora, por favor.
- No es que quiera que te vayas, pero entiéndeme esto es muy raro para mi, por que no se si tu te vas colando en las casas cada semana, pero para mi es extraño vivir con alguien a quien no conozco y encima alguien que se porta también conmigo y ...
Otra vez que me quedaba con la palabra en la boca. En ese momento no solo sentía palabras en la boca, sentía unos labios, sus labios...los de Hugo. Era una sensación rara, diferente, especial, salada y también dulce. No lo podía describir con palabras.

Continua en el próximo capítulo :)

martes, 6 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 4

Me pongo el bikini y una camiseta ancha, cojo una mochila y meto un bote de crema solar, un libro, unas gafas de sol, la toalla y el móvil. Salgo de la habitación. Está sentado en el sofá, apoyado en un cojín, tiene los ojos cerrados. Me acerco un poco y me aproximo a su oreja y le digo en voz baja:
- ¿Bajamos o qué?. - dije en tono bromista.
- Por mi nos podríamos quedar así toda la mañana.
Le pegué un manotazo en el hombro, antes de que pudiera quitar la mano me agarró de la muñeca y me tiró hacia si. Me quedé sentada encima de él, no me había fijado en los ojos tan bonitos que tenía, azul intenso, preciosos, me quedé mirándolos, hipnotizada.
- Cuando quieras, dejas de mirarme y vamos a la playa. - dijo entre risas.
Me levanté sin decir nada, -me ha pillado- y me dirigí hacía la puerta.
- ¡Eh, espera! - dijo desde el salón.
Llegamos a la playa, extendimos las toallas en la cálida arena y nos tumbamos en ellas.
El sol quemaba, entonces nos tuvimos que dar crema. Primero le puse yo en la espalda y luego él en la mía:
- Túmbate boca abajo y recógete bien el pelo.
La crema estaba fresquita, cada vez que tiraba un poco en mi espalda se me escapaba una risa tonta; parecía idiota. Empezó a masajearme la espalda, poco a poco me fui quedando dormida.
Aún con los ojos cerrados notaba una presencia cercana, unos ojos que miraban atentos a cualquier movimiento por mi parte, y una mano que apartaba delicadamente cada mechón de pelo que caía en mi cara. Era una sensación rara pero especial a la vez. Me quedaría un rato más así, pero mi mente me traicionó.
Abrí un ojo, despacio, sin prisa alguna. Luego el otro.
- Ey Bella durmiente, pensaba que no te ibas a despertar.
- Es que no he dormido muy bien...
- Ah bueno, entonces, no te preocupes. - dijo con una voz dulce y completamente serena.
Me resulta raro mantener una conversación con él sin ninguna pelea tonta.
- Bueno ¿subimos a casa? pronto es la hora de comer.
- Claro, como quieras Ali. - dijo con una voz amable, dulce...
Se me hace raro mantener una conversación con él sin pelear y es la primera vez que me llama por mi nombre...le debe pasar algo y gordo.
Subimos a casa, nos cambiamos y empezamos a hacer la comida.
- ¿Esta olla o la otra? - dijo mirándolas de arriba abajo.
- La más pequeña. - sugerí.
Añadimos agua y dejamos que hirviera, luego metimos los espaguetis.
- Ali...
-¿Sí?
- Siento tener que aguarte las vacaciones quedándome aquí...
No le dejé acabar la frase.
- Eh, escucha, no me aguas las vacaciones y además...te debía una...¿empatados?
- Jajajajaja como diga Bella durmiente.
Le dediqué una mirada de rabia pero le acompañaba una sonrisa que quitaba cualquier indicio de odio.
Los espaguetis ya estaban en su punto, los sacamos a duras penas, cuando nos dimos cuenta estábamos llenos de espaguetis. Nos tiramos espaguetis el uno al otro, como niños en una pelea de barro. Nos caían espaguetis por el pelo, los teníamos pegados en los brazos. Corrimos por la casa mientras seguíamos tirándonos espaguetis. Con una sonrisa de oreja a oreja, felices, como críos. Íbamos corriendo hasta que tropezamos y caímos al sofá, el quedó encima de mí, sus brazos estaban apoyados a ambos lados de mi, dejándome espacio para respirar. Un brazo le falló y le hizo caer encima mío, se fue levantando poco a poco dejando a relucir nuestras caras. Nos quedamos en ese sofá, quietos, sin decir nada, mirándonos a los ojos, unos azules y otros color miel.

Continuará en el siguiente capítulo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ni las nubes.

CAPÍTULO 3

- Si quieres cambiamos de canal, eh. - dijo mientras me miraba fijamente a los ojos, con cara de buen chico.
- No tranquilo, no importa. - dije mientras levantaba poco a poco mi cara de aquellos confortantes pectorales, y me recogía el pelo con una goma.
- Venga, vayamos a dormir, que ya es tarde.
Hace ademán de levantarse del sofá, pero yo me adelanto.
- ¿A donde te crees que vas? duermes en el sofá, guapo. - dije con una sonrisa radiante.
- Pero...¿no era de broma?, encima que dejo que te acurruques en mi...
- Haberlo pensado antes. - digo mientras desaparezco por el pasillo.
Me pongo el pijama, y me tumbo boca arriba, mirando al techo. Pienso en como había ido el día y en que ayer por ejemplo, ni me imaginaría que iba a tener una semana a un desconocido en casa, a un desconocido muy guapo; pero desconocido. Con estos últimos pensamientos me duermo.
Por una rajita de la persiana entra un hilo de luz, este incide en mis ojos y hace que me despierte.
Bostezo, me incorporo y salgo de la habitación. Entro en el salón. No está, ha desaparecido. ¿Había sido todo un sueño? Abro un poco más los ojos y consigo ver que la mesa está puesta. Dos tazas, dos platitos y dos cuchillos. En el centro de la mesa hay un jarrón estrecho y alto, dentro de el una margarita.
Me dirijo hacia la cocina, y ahí estaba él, intentando que no se quemasen las tostadas.
- Buenos días. - digo aún medio dormida.
- Ey, buenos días, no te había oído.
- ¿Como va ese labio?
- Ah, muy bien, ya no duele. - dijo dedicándome una buena sonrisa mañanera.
- ¿Te ayudo?
- No, no sientate en la mesa, ya has hecho bastante por mi.
- Como quieras.
Me siento y espero a Hugo para desayunar. Desde la cocina oigo:
- He llamado esta mañana a Dani para que recogiera mis cosas de casa de Eric, y hace un cuarto de hora me las ha traído.
- Genial. - digo con voz dormida.
Aparece por la puerta con un plato lleno de tostadas, en la otra mano lleva un brick de leche. Llevaba un bañador distinto al de ayer - se habrá cambiado-, ahora me fijo mejor, ese moreno le sienta genial y parece que va al gimnasio.
-¿Colacao o café?
- Colacao, colacao. - dije convencida.
- Ahora vuelvo.
Parece que la pierna la tiene mejor, se mueve con gran facilidad.
Llega con el bote de colacao y se sienta enfrente mia.
- ¿Como has dormido?
- Ah, bien, ¿el sofá es cómodo?
- No está mal, pero solo para una noche eh. - dijo mientras empezó a reirse.
- En mi habitación hay dos camas... podemos dormir perfectamente.
- Depende...
- ¿Cómo que depende?
- Sí...a ver, mejor en una que en dos, ¿no? - ahora las risas por su parte eran más fuertes.
- ¡Cretino!
- Ey, no empecemos, que es muy temprano.
- ¡Pero si has sido tú!
- Bah...prueba las tostadas, a ver que te parecen. - dice cambiando de tema, no quiere ir al rellano.
El desayuno transcurre tranquilo.
- ¿Bajamos a la playa? - preguntó.
- Vale, voy a ponerme el bikini y en seguida estoy.
- Como la señorita diga.

Continuará en el siguiente capítulo.