sábado, 12 de abril de 2014

Duele

Querer escribirlo y que te tiemblen las manos, por que lo has perdido, aun que, ¿puede perderse algo que nunca se ha tenido? Siempre he pensado que, bueno, antes o después la fortuna se pone de tu parte, o bien por que estás bajo suelo y no puedes hacer más que subir o por que simplemente te ha tocado, pero hay veces que las hipótesis se equivocan. Y es que, por mucho que desees algo, eso no va a hacer que llegue. Por que como muchos dicen, tienes que actuar. Pero es como si tu cabeza hiciera caso omiso a esa sugerencia tan sabia, es como si no pudieras reaccionar, como si te quedaras paralizada, y así, tren tras tren se van esfumando las ¿oportunidades? Y llega un día en el que te paras y piensas ¿y si?... Y comienzas a pensar que nunca podrás ver su sonrisa al despertar, ni si prefiere cereales con el desayuno o si simplemente le basta con un café bien cargado. Que te perderás cosas tan simples como un "¿qué tal ha ido el día?", "se ha acabado la pasta de dientes" o "ten cuidado con el coche". Duele, duele pensar que no será a ti a quien le ofrezca su último trozo de tarta, ni tampoco serás quien vaya a esas comidas de Navidad en las que no conoces a nadie. No sabrás si es de los de dormir en calzoncillos o de los de taparse con la manta hasta arriba, o si prefiere un libro antes que un programa de televisión, o si le da igual llegar tarde al trabajo por quedarse cinco minutos más en la cama observando como duermes. Se te olvidará ese hoyuelo que le sale al sonreír y la forma que hacían las pecas de su espalda. Llegará el momento en el que no recuerdes cual era el color de sus ojos y tengas que recurrir a esas  fotos de fotomatón que os hacíais para echaros unas risas, esas fotos que ahora son tu todo.
Duele pensar que mientras tanto estás ahí, donde siempre, en esa estación en la que para ti no pasa el tiempo, en la que ves los trenes llegar y como se van llenando.

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